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Santa Ana: la playa revelación del Río de la Plata, muy cerca de Colonia

A 22 kilómetros del clásico destino uruguayo, aparece este balneario tan tranquilo como inesperado

Kilómetros de playa, una amplia franja de arena fina, olas suaves. La foto engaña a casi cualquiera. Con la luz y las sombras justas, quizás hasta confunda a algún vecino desprevenido. Pero lo que brilla es el Río de la Plata, apenas a 22 kilómetros de Colonia. Casi nada. Veinte minutos en colectivo desde uno de los hitos turísticos uruguayos más transitados por los argentinos en cualquier momento del año.

 

Desde hace relativamente poco, algunos de esos argentinos empezaron a aventurarse más allá, al este de la histórica Colonia, y descubrieron Santa Ana.

 

Entre la ruta y el río, bajo un bosque añoso, hay un caserío que pertenece al departamento de Colonia y a la Junta Local de Tarariras. Tiene unos 250 residentes permanentes y el doble de casas, más de la mitad de ellas propiedades de argentinos. Hay también una escuela a la que asisten actualmente menos de cincuenta alumnos. Una comisaría, una biblioteca pública, un club social, un par de despensas, una carnicería, una panadería y un solitario parador, El Palenque, sobre la costa.

 

Las calles que terminan en el río llevan nombres de árboles: Laureles, Sauces, Cipreses, Ceibos y Pinos. Las que corren en paralelo a la playa son para los animales: Liebres, Bagres, Dorados, Gaviotas. La mejor es la asfaltada que acompaña al río: en modo declaración de principios, se llama Rambla del Medio Ambiente.

 

Sobre la rambla está la única hostería, Don Guillermo, mientras a pocos metros avanzan las obras de un nuevo hotel. Pero la mayoría de los visitantes alquila casa. Pagan entre 50 y 140 dólares por día, en estadías de tres o cuatro noches.

 

Durante los años de la convertibilidad uno a uno, Santa Ana recibió un boom de inversores argentinos. "Hacían cola para comprar lotes", recuerda Dalel Ávila de Moreira, al frente desde hace dos décadas de la inmobiliaria local La Maestra y vecina de Santa Ana desde hace tres. Ex directora de la escuela de Santa Ana, asegura que el valor de los terrenos se mantiene estable hace ya varios años; desde los 20 mil dólares.

 

En Los Aromos, una urbanización más exclusiva, con lotes más amplios y más servicios, hay propietarios europeos y norteamericanos y precios bastante más elevados, por encima de los 50 mil dólares.

 

Entre muchas otras diferencias con destinos como Colonia o Punta del Este, Santa Ana no tiene mayor publicidad ni promoción turística oficial. Sin embargo, el boca a boca fue bastante efectivo. De ahí que ya no sólo los porteños llegan al lugar sino que aparecen cada vez más turistas de Santa Fe, Córdoba y otras provincias argentinas.

 

"Pero el que conoce Santa Ana no quiere que se la promocione. Sobre todo los uruguayos, que somos muy conservadores, no nos gustan mucho los cambios. Esto está más o menos igual desde que llegué hace treinta años", aclara Ávila.

 

Hace mucho que Luis Landrisina eligió Santa Ana para vivir y hasta adquirió varias propiedades como inversión. El pueblo lo reconoció como vecino ilustre. Unos cuantos actores, artistas y periodistas argentinos son también habitués y los uruguayos los mencionan por lo bajo con algo cercano al orgullo, fingiendo discreción.

 

Pero un par de temporadas atrás fue el actual diputado Axel Kicillof el que atrajo más atención mediática. El ex Ministro de Economía tiene una casa en El Ensueño, en realidad otro balneario que limita con Santa Ana hacia el oeste. Al este, en cambio, cruzando un pequeño río, está el pueblo de Artilleros, no mucho más poblado ni movido que Santa Ana o el El Ensueño, pero sí menos turístico.

 

La preocupación de muchos vecinos es el bosque. Porque en cuanto llegan nuevos inversores, empiezan a sonar las máquinas. Tres años atrás, un grupo de locales editó una revista de distribución gratuita en cuya tapa aparecía una modelo armada con una Stihl bajo la leyenda Santa Ana, Capital Nacional de la Motosierra.

 

Varios residentes coinciden en que hoy se cuida un poco más al bosque, aunque falta una política más decidida para la preservación. En todo caso, hoy Santa Ana podría ser más bien la Capital Nacional del Container. Entre calles con nombres de árboles y de aves, una de las cosas que más llaman la atención es la cantidad de contenedores con logos de Hamburg Süd y Maersk reciclados como viviendas.

 

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Fuente: La Nación

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